Archivo etiqueta nadie piensa igual que otra persona

LA PAREJA,UNA FOTOGRAFÍA DE LA CONVIVENCIA

“Nadie piensa igual que otra persona, mucho menos   ,que piensa .Cada uno de nosotros percibimos  el mundo en que vivimos, de una manera única y subjetiva”

Richard Bandler

Dicen que la felicidad no depende de lo que pasa a nuestro alrededor, sino, de lo que pasa dentro de nosotros mismos .La felicidad se  mide por el espíritu con el cual nos enfrentamos a los problemas de la vida .La felicidad no consiste en hacer siempre lo que queramos, pero si, en querer siempre lo que hagamos .La mayoría de nosotros van al matrimonio con estas ideas de la felicidad, generalmente aprendidas en nuestra juventud, pero, cuando pasa el tiempo, la realidad es otra.

Pues, superada  la luna de miel, la pareja convertirá el hogar en un lugar nuevo y apto para la reproducción de conflictos no resueltos,  conflictos que arrastra de sus hogares procedentes. Entonces, asistiremos a una disputa continua entre los egos, intelectual, emocional, sexual y material. En el momento del acoplamiento amoroso, cada uno  ha aceptado interpretar el rol  que el otro le habrá revestido, para mostrarse  deseables.

Llegado el momento, estas diferencias son incapaces de soportarlas, ambos  entran en conflicto ¿qué paso?, pues, cada uno de ellos deseaba  encontrar en el otro, el complemento  que le faltaba. Por ejemplo, un hombre tiene una tendencia intelectual  y una sexualidad vigorosa, pero, incapaz de expresar sus emociones, no sabrá desenvolverse en la vida cotidiana. Ella, por el contrario, puede organizar la vida  del hogar y expresar sus sentimientos, pero, esta sexualmente bloqueada y con un desarrollo intelectual  precario.

Haciendo los dos egos  (intelectual y sexual, en el caso de él, material y emocional, en el de ella), ambos se complementan, pero sus complejos respectivos entran en colisión, el se siente inferior material y emocionalmente, ella sexual e intelectualmente. Es entonces cuando emergen los conflictos, cuando uno de ellos se ve obligado a complementar cualquier cosa del otro, mientras el otro espera, que la complemente a su vez.

De esta forma, se hace imposible alcanzar la satisfacción, la pareja ha caído en la trampa de una situación similar a las de su infancia, o sea, habiendo espacio para los dos, la rivalidad puede convertirse en peleas  feroces, como las que enfrentaba a un hermano, o a una hermana.

Existen cuatro tipos de conflictos, el primero es la lucha por el existir y que puede resumirse en “mis padres no me prestaron la suficiente atención como para  formarme un yo. No sé quién soy, ni tampoco como soy. Me siento vacio, no soy capaz de encontrar sentido a la vida, me doy al otro, sin poseerme a mí mismo  y no me siento digno, ni de valorarme. Mi felicidad esta en tus manos “.

La persona que se involucra con una pareja de semejante actitud, lo hará con una trampa ambulante, un adulto vacio, que alimenta demandas de un  bebe abandonado y que solo espera escuchar a su pareja decir ¡ tu existes ¡, si uno es pasivo “ yo me entrego a ti “ “ tú serás mi yo “ ,  “  vienes a llenar mi existencia, porque para ti, yo soy alguien “, “ “seré tu guía y tu modelo en un principio”, uno adora y el otro, se deja adorar.

Gradualmente, el débil de la pareja comenzara a manipular al fuerte “hasta acabar por dirigirlo”. Un día, cuando ya ha adquirido la confianza en sí mismo, demolerá el pedestal del ídolo, para hacerle caer, incluso, no le dejara espacio suficiente para crecer.

Otro aspecto común, es lo que se denomina la guerra de los sexos, que es una herencia de concepciones sociales y culturales, cada uno se siente insatisfecho con su identidad sexual y si, desde un primer momento el uno se entrega al otro para sentirse mejor, la guerra no tarda en estallar, así por ejemplo, una mujer infravalorada porque el padre no lo aceptaba, o, porque tuvo una madre viril y envidiosa de las prerrogativas sociales masculinas, simulara una feminidad, que ella no experimenta en absoluto .

En otro caso, un hombre castrado por un padre dominante, o, que ha sufrido la ausencia psíquica o física de su padre, educado por su madre o abuela, simulara una virilidad, que no conoce, pero, llegado el momento, las mascaras caen. Ella retoma el papel viril que ha visto desempeñar a su madre y el, pasivo, infantil o deprimido, se hunde en una actitud, neuróticamente femenina.

El conflicto, afectara la vida sexual de ambos (frigidez en el caso de ella, impotencia en el caso del hombre) y como consecuencia, pierden el deseo, o, estarán siempre criticándose, por parte de él,  porque la encuentra agotadora por su exceso de energía y por  ella, porque le reprocha su incapacidad para entrar en acción, hecho que puede llevarlos a la violencia, en suma, ambos se pierden el  respeto.

Otro problema es la satisfacción imposible. Tanto el uno como el otro, en el momento del encuentro amoroso, confundieron la función, con el amor. Lo que hicieron fue, proyectar el uno sobre el otro, una insatisfacción, que podría empezar en la infancia, sea que no fueron  amamantados lo suficiente, no fueron bien alimentados, o bien, no recibieron la atención que necesitaban, en un momento crucial de sus vidas, son adultos en apariencias, pero en realidad, son niños que piden, que alguien se haga cargo de ellos, material y afectivamente.

Ambos formaron una pareja, pero no con un hombre o mujer, sino con un padre o una madre. A menudo, el bebe frustrado adopta la actitud de un adulto que se sacrifica: “yo no tengo necesidad de mamar y para demostrarlo, me voy a sacrificar por ti y me voy a convertir en tu padre o en tu madre ideal “y así,” tú me amaras”. “Yo te daré todo lo que me pidas, a condición de que no crezcas”, “te protegeré, pero, si te haces independiente, caeré en una depresión, porque habré perdido mi función”.

“Yo no existo, si no me ocupo de ti “. A medida que uno de las dos crece, el otro  va empequeñeciendo, las personas, que buscan esta satisfacción, son un pozo sin fondo, sus demandas no tienen fin. Uno demuestra al otro, que es incapaz de darle satisfacción y el otro sufre, porque busca algo que  agradecer, para probarse a sí mismo que alguien le ama y quien pide sin cesar, incapaz de quedar satisfecho, es igualmente incapaz de agradecer nada.

La lucha por el poder se centra en saber, quien domina  a quien, pues, ninguno de los dos, durante su infancia pudo vivir como realmente era, viéndose obligado a satisfacer las exigencias de unos padres dominantes. Ambos crecieron con un inmenso deseo de  triunfar sobre los demás, pero si su pareja cede y pierde la partida, perderá el interés por él o ella.

Esta dinámica puede alternar al interior del dominante o dominado. En algún momento el dominado puede pensar. “sé que si cedo como siempre,  tú me abandonas. Por tanto me propongo contradecirte, aunque eso te enfurezca, tal vez te amenace con suicidarme, para que me dejes en libertad. A pesar de todo, no puedo separarme de ti.”

“Es un juego cruel al que me siento encadenado”. El que hace de  dominante piensa: “dado que en una pareja, uno de los dos tiene que mandar, asumo ese rol. Cuando era niño, siempre tuve que agachar la  cabeza y me vi forzado a abandonar mis impulsos para satisfacer el gusto de otras personas”. “No quiero pasar por eso nunca más. Te trato como me han tratado a mí, por miedo a que seas tú, quien me imponga tu voluntad “.

Cuando por miedo a la separación, cada uno de ellos suelta el lastre, no es raro ver como se invierten los roles. Los conflictos deben ser considerados, como los obstáculos necesarios que la pareja debe encontrar, para poder crecer. Antes de exigir ser reconocidos, deseados, amados  por el otro, gracias a un esfuerzo personal,  de reconocernos a nosotros mismos, o sea, liberados de los juicios formulados en nuestra contra, por el árbol genealógico y aceptamos a nosotros mismos y amarnos, al margen de lo que piensen nuestros padres, profesores, o pareja. Entonces seremos nosotros mismos.

¡El fin último del contrapoder es la abolición del poder y mientras tanto, su propósito es  controlar el que existe!

No hay Comentarios